Jueves 18 y viernes 19 – Días de la literatura

¡Hola, hola!

Ya hemos llegado al día grande del campa, el día de la marcha. Si algo te hace sentir que estás de campamento es meterte en plena naturaleza, andar por el monte y dormir bajo las estrellas.

El jueves nos despertamos muy pronto, antes incluso que los gallos, para comenzar a andar con el frescor de la mañana. Cogimos nuestras mochilas, nos calzamos las botas y comenzamos a andar rumbo a San Millán. Tras una primera parada para desayunar, nos enfrentamos a dos monstruosas cuestas que al final no lo eran tanto, encontramos alguna que otra pluma y sudamos de lo lindo para terminar dándonos de bruces con las piscinas de Berceo. No había duda de que ese iba a ser nuestro sitio para comer.

Tras un primer chapuzón, llegaron las cocineras con los bocadillos de pechuga con queso y pimientos, que zampamos en pocos minutos para volver rápido al agua.

A la tarde visitamos el molino de harina de San Millán, aunque más de una tuvo que hacer esfuerzos por no roncar. Luego, hicimos el check-in en nuestro hotel, un salón del ayuntamiento de San Millán de la Cogolla. Ahí extendimos esterillas y sacos para descansar.

Pero lo que de verdad nos devolvió la energía fueron las enormes pizzas que nos comimos en el restaurante del antiguo molino. ¡No ha habido mejor cena en la historia del campa!

Al día siguiente, tras una calurosa noche, cogimos el autobús que nos llevó a Pedroso (un pueblo precioso, por cierto) para meternos directamente en el estrecho barranco del río homónimo, del que nos costó salir ¡6 horas! Pero no hubo ningún problema, ya que ahí nos esperaban Paola y Joanes con la cazuela de macarrones lista para ser devorada.

A la vuelta del campa solo nos quedó ducharnos y descansar esperando la cena. Por si no había sido poco, hoy tocaban ¡Fajitas con patatas!

Sin embargo, aún faltaba una última sorpresa. ¡Había desaparecido el profesor JaVinci! Las parejas de detectives se pusieron manos a la obra para desentrañar el misterio de nuestro «Cluedo» particular (al final resultó que se había quedado atrapado en la sala de calderas)

Ahí acabó nuestra doble jornada de aventura… aunque no para todo el mundo.

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