Sábado 22 – Fiesta de graduación

¡¡Hola familias!!

Al fin, llegó el último día de campamento, con las piernas aún cansadas por la marcha del día anterior. Por ello, nos despertamos un pelín más tarde que otros días, cada uno a su ritmo.

Después de estirar un poco y desayunar tranquilos, nos pusimos manos a la obra con el regalo del amigo invisible y los últimos talleres que nos quedaban, como la «tote bag».

A media mañana tuvimos que despedir a dos compañeras, Teresa y Catalina, y poco después nos sentamos a la mesa para comer unas deliciosas judías verdes con patatas acompañadas de pollo guisado, que estaba para ducharse los dedos.

Por la tarde llegó el turno de la última prueba para convertirnos en exploradores: las Olimpiadas del campamento. Más de 10 pruebas en las que competimos por equipos para demostrar nuestra habilidad, puntería, agilidad o fuerza: luchas de sumos con esterillas, cadenas de ropa, carreras de globos, lanzamiento de zapatilla o colchones musicales.

De ahí, ya solo faltaba ponerse guapos y guapas, con un ‘outfit’ original, para acudir a la fiesta final, con hamburguesas al gusto y refrescos para culminar el campamento con el mejor sabor de boca posible. La fiesta tuvo momentos para la risa -con un desfile de moda a la altura de la pasarela Cibeles-, momentos para la emoción -con la entrega de los regalos del amigo invisible- y momentos para el baile -con choque generacional incluido-. Tan bien lo pasamos, que incluso algunos se animaron a acudir a las fiestas del pueblo vecino de Molinos de Ocón.

Ya solo faltaba recoger las maletas y desmontar tiendas, mesas, colchones, material de manualidades… al día siguiente, con ayuda de muchos padres y madres.

Por supuesto, el colofón final fue, como todos los años, los bailes en la Plaza San Cristóbal de Cenicero.

Ahí, sí que sí, nos despedimos hasta el año que viene, que no podemos decir que será mejor, porque es imposible.

¡Hasta la próxima!

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