¡Hola a todos!
¿Qué os han parecido las fotos del último día? Como ya os dijimos, fue una experiencia inolvidable y muy divertida.
El jueves fue un día lleno también de momentos y emociones. Tocó madrugar para evitar el calor, y tras un desayuno rápido nos pusimos en marcha. La ruta fue primero suave, siguiendo la orilla del Najerilla, y poco a poco fue complicándose. Llegamos a Camprovín en menos de una hora, y allí hicimos la primera parada para almorzar. La parada se alargó más de lo previsto porque nos encontramos con una gran sorpresa.
Descubrimos un pueblo lleno de murales de colores, y tuvimos un guía inmejorable: el propio alcalde de Camprovín. Nos explicó que desde hace unos años llegan a este pequeño municipio los mejores artistas de todas partes del mundo para participar en el festival CAMPROVINARTE. Nos quedamos todos asombrados con el colorido y originalidad de todos los murales. En las fotos lo podréis comprobar por vosotros mismos, aunque os recomendamos acercaros al pueblo y verlos en persona.
Terminado el recorrido por el pueblo, reanudamos la marcha. Llegaba la parte más dura del recorrido: la subida hasta la ermita de las Santitas de Castroviejo. Fueron dos horas de subida con un calor que comenzaba a hacer de las suyas. Pero antes de lo que esperábamos comenzamos a divisar la ermita, el punto más alto de nuestra ruta.
La última etapa de la marcha fue la más cómoda, pues era todo cuesta abajo. Llegamos al campamento antes de la hora de comer, y nos dio tiempo de ducharnos e, incluso, darnos un baño en el lago.
Por la tarde tuvimos una taller de relajación en la ludoteca de Bezares. Llenamos el suelo con los colchones y nos echamos una merecida siesta mientras sonaba de fondo música relajante.
Cuando despertamos, nos encontramos con una de las visitas más especiales de este año. David, Jesús y Paco nos enseñaron fotos y explicaron cómo eran los primeros campamentos, qué actividades hacían, dónde estuvieron y anécdotas e historias de lo más interesantes.
El esfuerzo de la mañana tuvo doble recompensa por la tarde. Después de despedirnos de los veteranos del campamento, los monitores nos anunciaron que nos íbamos de fiesta. Y sin dudarlo ni un momento, nos montamos en los coches y pusimos rumbo a Alesón, donde se celebraban las fiestas en honor a Santiago y Santa Ana. La orquesta La Mundial nos puso a todos a bailar y cantar.
Cuando terminó la orquesta para el primer descanso, volvimos al campamento para cenar las exquisitas hamburguesas de nuestros chefs najerinos, que se están convirtiendo en una tradición más.
Y, por fin, nos metimos al saco en nuestra tienda, tras dos intensos días. Pero la aventura seguía…
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