¡Hola familias!
Menudo sorpresón nos llevamos el jueves nada más salir del saco. Cuando pensábamos que íbamos a tener que pasarnos el día andando para subir a las neveras del Moncalvillo, los monitores nos desvelaron el gran secreto del campamento de este año: ¡jugar en las actividades de Campo Activo!
Antes de nada, cogimos fuerza desayunando unos batidos y unos bollos con chocolate. Tras recoger las tiendas y mochilas, hicimos tiempo jugando a volley-playa, tirándonos por las tirolinas o haciendo funambulismo sobre una cuerda floja (para los más modernos, slackline)
Cuando ya estuvo todo preparado, los monitores del parque nos dividieron en dos grupos: los pequeños participaron en una competición de «humor amarillo» con los niños de otro campamento, en el que tuvieron que superar bolas gigantes, adivinar canciones en las cartas musicales o derribar bolos humanos, entre otras muchas pruebas.
Los mayores, por su parte, se dividieron en dos equipos para participar en varias partidas de paintball, donde simularon el desembarco de Normandía, la guerra de trincheras o el asalto a un fuerte.
Tras una agotadora pero intensa mañana, nos sentamos a la mesa a devorar unos bocadillos de pechuga al gusto. La hora de la siesta alguno la ocupó con una revitalizante siesta, y otros continuando la diversión con la tirolina, jugando a fútbol o recorriendo el circuito de obstáculos.
Por la tarde, nos volvimos a poner las mochilas a la espalda y comenzamos el camino de vuelta. Tras un par de horas, llegamos de nuevo al campamento. Las duchas nos dejaron como nuevos, y las albóndigas con tomate nos devolvieron las fuerzas que habíamos gastado en esos dos días.
La noche nos trajo una sesión de cine, palomitas incluidas. La película elegida fue «El libro de la selva», pero la versión más moderna de 2016. Poco a poco, fuimos cayendo todos, y solo unos poco lograron llegar al final de la peli.
Así acabó nuestra aventura de dos días, pero a la ruta aún le quedan un par de paradas más, ¿cuál será la siguiente?
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